Toulouse

Toulouse

En el corazón del Sur de Francia, Toulouse  aparece con su  arquitectura de ladrillos y  tejas, típica de las ciudades, pueblos y ciudades fortificadas de la región de los Pirineos centrales. Los reflejos de la luz sobre los ladrillos le han otorgado la denominación de ciudad rosa, brindando una atmósfera suave y calurosa al mismo tiempo.

Toulouse

Toulouse, es la cuarta ciudad de Francia,  es activa y bulliciosa. Nada mejor que callejear por el centro histórico, pasearse por las orillas del Garona y del Canal du Midi, o pararse en uno de los numerosos bares que abren sus terrazas en las plazas. En cada lugar, el ambiente es entrañable, con esta familiaridad acogedora propia a la gente del sur.

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Toulouse también es muy concurrida para el shopping, podrá encontrar todas las grandes marcas de prestigio internacional de la moda, del diseño, de la marroquinería o de la joyería están representadas.

Todos los productos de la región, productos gastronómicos del Suroeste, productora de vinos, de foie gras, de quesos, de embutidos, sin olvidar el cassoulet, plato tolosano por excelencia.

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Abundan también los puntos de interés histórico, como la basílica Saint-Sernin, joya del arte románico de los siglos XI y XII, es una etapa importante de los caminos de Santiago de Compostela. Contiene la sepultura de San Saturnino, primer obispo de Toulouse en el siglo III. El conjunto conventual de los Jacobins se visita por su arquitectura gótica meridional y su peculiar “palmera”, un pilar del cual parten veintidós ramificaciones.

En el corazón del barrio de los anticuarios, la catedral Saint Etienne atestigua de la evolución de varios estilos de arquitectura sagrada. Hay también muchos hoteles particulares del Renacimiento en la ciudad: hotel de Bernuy, hotel d’Assézat, hotel de Pierre,  el Capitole, actual ayuntamiento, con sus salas históricas magníficamente decoradas y su inmensa plaza que ostenta una cruz occitana. Echar una mirada por un porche a veces puede revelar jardines y fachadas de gran belleza. Los edificios industriales del siglo XIX, transformados en lugares culturales, prolongan esta tradición del ladrillo, como la galería del Château d’eau, museo des Abattoirs o también el Bazacle, lugar de exposición permanente instalado a orilla del Garona.

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